PARO Y MALESTAR GENERAL EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

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CARTA ABIERTA A LA ESCUELA DE ARTES

Bogotá 27 de febrero de 2013

Comunidad

Escuela de Artes Plásticas y Visuales/Facultad de Artes/Universidad Nacional de Colombia

Colegas, estudiantes y personal administrativo, reciban un cordial saludo.

Es evidente el estado de incertidumbre en el que nos encontramos a propósito del paro de trabajadores y sus acciones de protesta que han considerado el bloqueo de los edificios de la Universidad y por ende, la interferencia en las actividades académicas programadas. Actividades que al verse amenazadas en su desarrollo, nos empujan a acciones insensatas, al acto reflejo, a soluciones rápidas, alternas, en muchos casos insuficientes, angustiosas, desarticuladas y precarias, aún tratándose de acciones a favor del “derecho a la educación”, al “derecho al trabajo” o a favor de una supuesta “normalidad”.

Quienes han asistido a las asambleas y foros temáticos de profesores durante esta semana, seguramente cuentan con información y recursos de juicio para un análisis menos apasionado, más objetivo y en pro del bienestar futuro y permanente de la Universidad. Para los que no han podido asistir o no han querido asistir a estos espacios de participación y discusión, será más complejo discernir sobre cual debe ser su lugar y por supuesto, su comprensión y participación será escasa y susceptible a ser arrastrada por la corriente que más fuerte sople. Aunque se debe reconocer como válida, la opción de aquellos que aún desde la distancia suponen una participación que tiene como modo de ser: la indiferencia, eso también es un mensaje que puede señalar  fatiga y desgaste, falta de credibilidad en acciones que posiblemente se consideran infructíferas.

Sea cual sea la distancia desde la cual determinamos nuestro lugar en este conflicto, hay acuerdos en la comunidad que se han dejado ver claramente, por ejemplo: entre los profesores asistentes a las asambleas se acuerda a favor de la justeza de la reclamación de los trabajadores, no sucede lo mismo al referirse a los métodos de protesta empleados, que logran dividir al grupo docente entre los que rechazan los modos usados por los trabajadores y otros que apoyan la huelga incluso invitan a la planta docente de la universidad a declararse en asamblea permanente y a sumarse al paro, aún estos, que convocan antiguos y nuevos modos de manifestación pública, no comparten los actos “abusivos” y el “rapto de derechos” en que algunas de las medidas del bloqueo han incurrido, estos actos han sido denunciados por algunos profesores.

De todos los acuerdos a los que los docentes en asamblea han llegado, el más concreto en sentido propositivo, fue el de realizar foros temáticos en los que se le informe a la comunidad de la universidad sobre diferentes asuntos pertinentes al estado crítico que atraviesa, el primero fue dedicado al desfinanciamiento de la universidad. Se espera la participación de toda la comunidad en estas sesiones de trabajo y discusión.

En este momento, la separación obvia de los tres estamentos que componen nuestra comunidad, es un enemigo, peor aún, la separación entre profesores, entre estudiantes y entre empleados, es aún más desfavorable. Una división a la que hemos llegado por varias vías, una de ellas: el fomento de la productividad comprendida como acumulación de capital que garantice la autosostenibilidad de los programas, la rentabilidad y la autonomía financiera y no la productividad como producción simbólica, académica, poética, la producción en lo común de lo común, por el contrario vimos como la Facultad de Medicina se apagó durante un semestre sin recibir del resto de la comunidad el más mínimo gesto de solidaridad y protesta, no se reclamó en ese momento el “derecho a la educación” que hoy se le exige a los trabajadores como si ellos nos lo hubieran arrebatado,  no nos importó el caso de la Facultad de Medicina, eso fue problema de otros. Nada que decir de la división entre pregrado y posgrados, los últimos reafirmando cada vez más su realidad privatizada.

La división de la comunidad nos ha llevado hoy a tomar decisiones equivocadas, enfrentadas, divergentes, contradictorias, egoístas, sobre todo, es irresponsable salir corriendo a los suburbios del campus a buscar rincones para dictar clase, algunos profesores avanzan sus cursos por Internet, otros hacen clase en las casas y apartamentos de estudiantes en horarios que no respetan los horarios de otras clases, vamos en una estampida a raparnos los rincones mal olientes que nos quedan en la periferia, desalojando con tranquilidad los edificios, el mensaje es de indiferencia, ¡No esta aconteciendo nada!, ¡todo está bien!.

Invito a la comunidad en especial a los profesores a confrontar aquello que damos por “correcto” sin mayor reparo, ni juicio, ni crítica. ¿Es correcto hacer de “tripas corazón” justo ahora que la universidad necesita de una manifestación multitudinaria a su favor?, ¿Es correcto confinar a los estudiantes a cursos de arte mientras el sentido mismo del arte aspira a la participación creadora en la sociedad?, ¿Es correcto confinarlos al lugar de la indiferencia?, ¿Son más importantes nuestras listas de asistencia y nuestros contenidos frente a una realidad crítica que reclama nuestro tiempo?.

¿Puede una Maestría de Artes Vivas, que trabaja con el cuerpo, sacarle el cuerpo a la realidad?, ¿Puede una Maestría de Artes Plásticas y Visuales considerarse por un momento ciega a la realidad?, ¿Puede nuestra Escuela de Artes Plásticas trabajar en lo común?.

La invitación es a participar en la formación de una multitud de singularidades, es la hora de hacerlo, la singularidad es nuestro estado más entrenado, pongámoslo en práctica en lo común. Invirtamos la energía que gastamos en “soluciones” provisionales, en la formulación de un trabajo colectivo orientado al restablecimiento de la formalidad universitaria.

No sólo los empleados están subsumidos al bio poder capitalista, los profesores y los estudiantes experimentamos esa misma fatiga, hay estudiantes explotados, hay profesores a los que no comprendemos porque son ocasionales, su fatiga es permanente. ¿Hay un profesor de planta, alguno, que gana diez veces más que un profesor ocasional, pueden ellos dos tener una preocupación común?, ¿en qué piensa cada uno?, ¿cómo o en qué nos encontramos?.

Cordialmente

Mario Opazo/Profesor Asociado/Universidad Nacional de Colombia/Trabajador Público.

CARTA ABIERTA FACULTAD DE ARTES

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD DE LA FACULTAD DE ARTES

 

Comenzaré con una falsa declaración:

“Para nadie es asunto nuevo el estado crítico que atravesamos en la Universidad, o mejor dicho: todos lo conocemos”.

No solamente no lo conocemos nosotros los que conformamos la comunidad universitaria, sino que, no lo conoce la ciudadanía, más crítico aún, no conocemos acerca de nuestra ciudadanía, o sea, nosotros mismos, en tanto ciudadanos no conocemos el estado de la Universidad, no conocerlo es no participar, no ser Universidad. Si no nos reconocemos en la obligación y el derecho de la participación crítica y propositiva, no tenemos memoria de nuestros linderos, ni culturales, ni territoriales, ni legislativos, ni sociales, tampoco conocemos de la ciudadanía del otro que se resiste porque lo subsumen las obligaciones y los derechos no le alcanzan, no sabemos de su fatiga, de su explotación, de su pobreza, de su control, no sabemos de la ciudadanía del otro, que se constituye en la nuestra como la nuestra en la de ellos, ni conocemos acerca de nuestro propio destierro, como pérdida de suelo, de origen.

No se trata de ser ciudadano antiguo, como un darse a la participación en el uno de unificación, de homogeneidad, no es el uno de la masa. Más bien, se trata de saberse hoy un ciudadano como un manifestar la singularidad en la multiplicidad, un ser creativo que reclama el tiempo y en él se produce políticamente. Es reclamar una vigencia de aquello antiguo que funda nuestro modo de ser ciudadano, y en nuestro caso como artistas, se refiere a una vigencia incluso de los modos antiguos de conocer,  nosotros: que conocemos de modos antiguos, desde la experiencia y no en la abstracción de ella, que conocemos desde adentro de aquello que se quiere conocer y no desde un punto desde afuera. Es vigente para los artistas reclamar el tiempo que los antiguos llamaron tiempo libre y que Heidegger simplemente llama: Tiempo, ese tiempo auténtico, el de la transformación, ese tiempo que no estaba subsumido a la esclavitud, el tiempo con el que pocos contaban porque no eran esclavos y que lo reproducían en el Ágora – porque también podemos hablar de un ganar tiempo – donde se ejercía la política en el diálogo en la votación, aquella política como un darse a lo público, que es darse al tiempo de todos, a lo común, que es el tiempo del uno de unidad y no de unificación, que es un darse al cambio de aquello que considero debe y puede cambiar, todo esto en el tiempo de la conversación, que es encontrarse en un tiempo común. Ese origen de la política como potencia que reclama un cuerpo  o como cuerpo que reclama un cambio, es una manifestación de potencia, como un modo de ser potente y no como un ente inmutable, desde la antigüedad hasta hoy, el principio último de la política, no ha cambiado, solamente comienza a ser, si ingresamos al “tiempo libre”, tiempo dado a la libertad del pensar, que es la misma libertad de la creación, que es aquel tiempo que reclaman hoy los científicos y que difícilmente lo encontrarán fuera de la experiencia de la temporalidad misma de aquello que se quiere conocer, que es su modo de ser en lo otro, en el mundo.

Pensando en nuestro rechazo a la nueva modalidad de “participación” que hoy contempla como válida la Universidad, preguntamos: ¿Por qué no es sensata la consulta electrónica que intenta imponernos el Gobierno de la Universidad?, ¿Por qué, si hoy los medios han permitido al cuerpo incluso sumarse en red y expandirse en éxodo, incluso han sumado al cuerpo nuevas potencias?. Porque la consulta electrónica a diferencia de las llamadas redes sociales o espacios de participación múltiple como los sistemas computarizados de participación simultánea, no nos liberan de la antigua condición de audiencia que los primeros medios de comunicación como la antigua televisión y la radio nos habían impuesto, por su naturaleza de transmisión unidireccional. Hace muchos años el desarrollo de la tecnología nos ha permitido liberarnos de la esclava condición de audiencia, ya en 1970 Gene Youngblood hablaba de un cinema expandido para referirse a unos nuevos modos de relación del hombre con el mundo a partir del uso de los medios que ya estaban comenzando a sospecharse como herramienta de participación, de conversación. Habló del net cinema, un modo de relación mediático que se abrió como escenarios a la declaración pública, a la conversación de comunidades reales. Esos medios que Youngblood sospechó hace más de 40 años, eran posible gracias al desarrollo tecnológico que él imaginó avanzados como la transmisión por cable, los sistemas de participación simultanea, las redes de fibra óptica, la banda ancha, etc. La consulta electrónica que pretenden nuestros gobiernos, no es ni la más ridícula caricatura de aquello que la teoría de medios ha considerado como un escenario posible para ejercer nuestra participación en la cultura y en la sociedad, esta manera que imponen, es pobre en diseño, obsoleta, masiva y no multitudinaria como se intenta presentar, es un sofisma para distraer nuestro derecho a la consulta y a la participación, al acuerdo y el consenso; esto quiere decir, que está subsumida a intereses de control unificador de la audiencia, y no de liberación a la conversación de diferencias de la comunidad real.

Por estos métodos pobres de “consulta” no pasa el cuerpo, el cuerpo acude a nada, porque no se anticipa al deseo de conocer en el tiempo de la experiencia con el otro, en el otro y por los otros, ese cuerpo se subsume al acto reflejo, al gesto sonso de la caída vertical, sin reacción creadora, sin resistencia, ni fuga, ni clinámen. Por el contrario, hoy, el cuerpo contemporáneo se encuentra con otro cuerpo en la multitud de diferencias, se da a la producción de lo común, multitud de cuerpos en multitudinaria revuelta, sumatoria de cuerpos que resisten que se dan a lo político, que es darse al cambio de aquello que se debe a un nuevo modo de ser.

Por supuesto me refiero a la multitud como nuevo concepto de clase. Clase constituida por las singularidades que se encuentran en lo común, no es la clase obrera que excluía por ejemplo a la mujer, no es la clase estudiantil que excluía al campesino, multitud es un concepto de clase que se funda en las relaciones de los cuerpos singulares y distintos que se dan al trabajo en lo común, se manifiestan productores de un trabajo al que reclaman su reproducción, el trabajo debe retribuirle a esos cuerpos su ganancia, el trabajo tiene – diría Tony Negri – una “vocación madre”, el trabajo del trabajador re_produce y debemos ser retribuidos con esa re-producción, el trabajo en lo común nos retribuye con lo que Youngblood llama: un Mundo Vida, que es un Tiempo Libre.

La acción del cuerpo hoy es urgente, hay que convocar al cuerpo en el tiempo dado a la libertad de la participación, la participación tiende a la cualidad de las singularidades, de la diferencia, no de la masa, eso implica manifestación creativa y nueva, cambio. No desconozcamos el poder del cuerpo contemporáneo, este ha sumado a sus fuerzas herramientas blandas, lingüísticas, epistemológicas, mediáticas, sumándole así poderes a los poderes naturales, un cuerpo que desarrolla hoy su propia tecnología del yo y participa en la formulación de biopolíticas, (políticas para la vida), un cuerpo que se constituye como máquina productora y producción de lo común, un cuerpo que aspira a la multitud desde la singularidad, que acude al escenario de lo público como acción de resistencia al biopoder capitalista.

Trabajemos por un Mundo Vida, por un Tiempo Libre.

Prof. Mario Opazo/Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia/Trabajador Público

 

 

Análisis de un experto

¿Qué pasa en la Universidad Nacional?

La universidad pública más importante del país no sale de los paros, los funcionarios reclaman mejoras laborales, las negociaciones están suspendidas y los afectados son miles de estudiantes, en especial de Bogotá y Palmira.

El conflicto laboral de la Universidad Nacional expresa problemas estructurales que la aquejan desde hace años y se agudizan en la coyuntura reciente.

Las universidades públicas enfrentan graves problemas de financiación. Según los rectores de estos entes, en diciembre de 2012 se requerían $11,2 billones para su funcionamiento, pues mientras los aportes de la Nación no han crecido en términos reales desde la Ley 30 de 1992, las universidades se han expandido en programas curriculares, matrículas, calificación del profesorado e infraestructura. Un 40% de esta expansión se ha hecho con recursos propios.

El actual presupuesto de la Universidad Nacional, según el abogado y docente Leopoldo Múnera, es de $1,26 billones, menor en $10.000 millones al de 2012. La Nación aporta el 54%, el resto proviene de recursos propios. El déficit para este año es de $57.500 millones, equivalente al 10% del presupuesto de funcionamiento. Desde hace años, para cubrir el déficit se transfiere dinero de inversión a gastos de funcionamiento. En este contexto no se entienden los gastos en remodelación de oficinas, compra de vehículos y contratación desproporcionada de asesores para las directivas.

Al crítico panorama financiero se agrega el deterioro de la infraestructura de la sede de Bogotá. Según cálculos oficiales, se requieren $2 billones para poner en funcionamiento adecuado esas edificaciones y con urgencia $800.000 millones. Esto sin mencionar la insuficiencia de aulas, laboratorios y bibliotecas ante la expansión de la cobertura.

Como si fuera poco, los predios de la universidad en Bogotá están incluidos en el plan de reestructuración del CAN que adelanta la empresa mixta SAS Virgilio Barco, que despacha desde el Palacio de Nariño con apoyo del grupo Sarmiento Angulo. La mencionada SAS ofrece recursos a la universidad a cambio de ceder parte de su terreno —la clínica Santa Rosa, la rectoría y aledaños— para obras de “renovación” urbana a favor del gran capital. Además, la actualización del POT excluye parte de sus terrenos de la protección que se da al campus como patrimonio cultural.

En medio de esta crisis estructural aflora el conflicto laboral, que se remonta a los años 90, pues la Ley 4 de 1992 consagró la nivelación para todos los asalariados del Estado. Tras una larga lucha, hasta hoy los trabajadores de la universidad no la han logrado, como sí lo hicieron los jueces.

En 2012 los sindicatos de trabajadores emprendieron distintas acciones para lograr la nivelación salarial y frenar la supresión de cargos de planta. Sintraunicol, siguiendo la orientación de la CUT que llama a los empleados públicos a negociar pliegos de peticiones, hizo lo propio el 2 de enero de este año. El pliego busca la nivelación ponderada de los distintos cargos y está en lento proceso de negociación.

Por su parte, el Comité Pro Mejora Salarial, orientado por Sintraunal, en septiembre de 2012, presentó un “derecho de petición” que contemplaba recuperar los cargos perdidos en los últimos años, aumento inmediato salarial del 30% e incremento anual del 2% por encima del decretado oficialmente. El 21 de diciembre el rector nombró una comisión negociadora en la que incluyó a este comité. Pero la negociación no avanzó y el rector desconoció las peticiones de los trabajadores. Ante tal actitud, el comité decretó asamblea permanente desde el 20 de febrero, que ha afectado gravemente la actividad académica en las sedes de Bogotá y Palmira. Hoy la negociación está interrumpida por una prima técnica para los trabajadores. El escollo no es sólo por la suma, sino porque la universidad no debe cubrir este monto con recursos propios.

El comportamiento errático de la rectoría —que tampoco ha reclamado los $50.000 millones que adeuda el Fosyga a Unisalud— expresa el quiebre de la noción de comunidad universitaria. Las últimas directivas se han aislado físicamente del campus y vitalmente de los estamentos que componen la universidad. No existe la solidaridad necesaria para enfrentar la desfinanciación y los ataques contra la universidad pública. Un rector como el actual fue impuesto en contravía de los estamentos que votaron ampliamente por otro candidato. Pero ni siquiera el Gobierno, que lo nombró, atiende sus llamadas.

Esto remite a la necesidad de reformar la Ley 30, en aspectos financieros y de autonomía universitaria como la conformación de los consejos superiores. Las soluciones estructurales de la crisis de la Universidad Nacional implican una voluntad política del Estado que no se ve por ningún lado. Ni en construir participativamente la reforma de la Ley 30, ni menos en financiar adecuadamente a las universidades públicas, como es su deber constitucional.

* Ph.D. en historia. Docente de la Universidad Nacional desde 1978. Coautor de Idas y venidas, vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia, 1958-1990, publicado en 2003.

Por: Mauricio Archila * / Especial para El Espectador
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